31 agosto 2022

La estafa de Sylvain Lesné y sus trabajos acerca de Alzheimer o por qué la honestidad debe ser el norte de las escuelas

 El contexto

En julio de este año, 2022, apareció un artículo en la Revista Science titulado "¿Manchas en el campo? Un detective de imágenes de la neurociencia encuentra signos de fabricación en decenas de artículos sobre el Alzheimer, amenazando una teoría reinante sobre la enfermedad", de Charles Piller, donde se expone el hallazgo de la manipulación de evidencias visuales sobre las que se basa la teoría de las placas beta-amieloides de Sylvain Lesné, Universidad de Minesota, en alrededor de 20 de sus publicaciones.

 Con base en esas investigaciones, se llegaron a destinar $287 para la investigación de una teoría que ahora sabemos que muy posiblemente sea falsa, y se desestimaron otras investigaciones tan o quizás más importantes que esa, porque si algo tiene el mundo científico, es que es una pequeña cofradía donde además de las cualificaciones, valen las amistades y las relaciones, sobre todo si se está generando dinero.

Para los medios, siempre ávidos de sucesos que generen likes, fue una noticia de un par de días, pero para la comunidad científica, que basa sus conocimientos en la credibilidad, fue un duro golpe en estos días donde la desinformación y la ignorancia campean.

¿Y qué tiene que ver esto con la escuela?

Aunque en Venezuela lo normal es que en las escuelas no se enseñe pensamiento científico, y por lo tanto es común que ni los estudiantes ni a veces los mismos profesores tengan idea de cómo se lleva a cabo una investigación en un laboratorio ni cómo en el movimiento de dinero para ello, un valor que sí debería estar presente en todo momento es el de la honestidad.

En muchas escuelas privadas, donde hay participación en programas extranjeros, las clases se orientan un poco más hacia el hecho investigativo, pero si la educación privada en nuestro país cubre apenas el 15% de la población estudiantil, las escuelas que enseñan el pensamiento científico pasan a ser un procentaje ridículamente pequeño.

Pero volvamos a la honestidad, valor tan vapuleado en estos días. Cuando le pedimos a un estudiante que no se copie en una prueba, obviamente lo estamos obligando a ser honesto. Sin embargo, cuando el joven puede hacer lo que le venga en gana, porque al final debe pasar, la honestidad desaparece ante un panorama aterrador: "no importa lo que haga, siempre voy a obtener lo que quiero".

¿Se parece a lo que debe haber pensado el investigador? La trampa, ya sea para obtener notas o para obtener financiamiento, es al final la misma deshonestidad.

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